A tres años del Golpe en Honduras, compartimos un análisis del Golpe en Paraguay.
Paraguay, un golpe sudamericano.
Claudia Korol
El 22 de junio del 2012, después de un juicio político “express” -“linchamiento político” lo llamó Atilio Borón- el parlamento paraguayo destituyó al presidente Fernando Lugo, diez meses antes que finalizara su mandato, y unos días antes de que se cumplieran tres años del golpe de estado en Honduras. En las bambalinas de ambos golpes está la “inteligencia” norteamericana. Paraguay es una pieza clave en el reordenamiento geopolítico dirigido a cercar a Brasil, controlar el Acuífero Guaraní -principal reserva de agua del mundo-, y estabilizar la presencia de una base militar en Sudamérica, hoy localizada en Mariscal Estigarribia –Paraguay-. La iniciativa apunta también a revertir los procesos de integración latinoamericana.
Burlándose de cualquier apariencia de respeto por la normatividad democrática, el Senado dio menos de un día al Presidente Lugo para ejercer su derecho a la defensa, cuando según la legislación paraguaya, aún en juicios sumarios abreviados como por faltas de tránsito, los ciudadanos tienen cinco días para presentar su defensa. La decisión estaba tomada, y no se atendió tampoco la petición de los Cancilleres de Unasur, que se trasladaron a Paraguay para intentar evitar un nuevo golpe de estado en Nuestra América. Hoy asistimos rabiosas, indignados, al arrebatamiento “institucional” de la débil democracia, y de los pocos espacios ganados por los sectores populares durante el gobierno de Lugo.